jueves, 7 de noviembre de 2013

Conocer y Amar el Ego es nuestra misión, no matarlo.

 
No estoy de acuerdo con el mensaje de “Matar al Ego”.

En primera, no podemos y en segunda, nuestro trabajo en esta tierra no es matarlo sino conocerlo, aceptarlo y amarlo porque es la otra parte de nosotros, esa parte de nuestra dualidad: la oscuridad, lo que le da sentido a nuestra luz. Es nuestro mayor y único enemigo, SÍ, pero a la vez es nuestro maestro que ha tenido poder sobre nosotros PORQUE SE LO HEMOS DADO ya que, por sí solo no tiene poder.



Somos nosotros con nuestro libre albedrío los que decidimos a quién escuchar: a Nuestro Espíritu (Yo Superior) o a nuestro ego (yo inferior), porque cada decisión ES NUESTRA ABSOLUTA RESPONSABILIDAD.
Debra Oropeza.

MICROCUENTO 3


Lo sabía, la amaba. nunca se sintió más feliz con su don de leer la mente. Debra Oropeza.




miércoles, 6 de noviembre de 2013

LO QUE HACE TU SONRISA POR TI.


Hace unos años leí un artículo que hablaba acerca de las personas en coma.
Habían estudiado que los gestos faciales influyen sobre la mente, sobre el cuerpo, por lo que para provocar una reacción en las personas con esta condición, simularon una sonrisa en su rostro.
Los resultados fueron sorprendentes: mejoraban su condición y, en algunos casos, llegaron a salir del coma.
Me pregunto, si tanta influencia tiene UN GESTO en nuestro organismo estando enfermo,
¿QUÉ OCASIONARÁ ESTANDO SANO?
Atraerá más de lo que estás manifestando.
Sonríe a menudo.

Debra Oropeza.



MICROCUENTO 2


Arrancó el último pétalo, ahora sabía el final de la historia, pero no obedecería a una flor muerta. Debra Oropeza.



MICROCUENTO 1

El corazón le dio un vuelco al ver su casa revuelta y el cajón vacío.
Estaba perdido, le habían robado la esperanza. Debra Oropeza.



 

miércoles, 3 de octubre de 2012

CÁLLATE NIÑA- Rodolfo Naró- Comentario.

 
 
CÁLLATE NIÑA
Rodolfo Naró


Empecé a conocer a la Niña a través de los retazos con los que la describían los demás.
La vi con sus ojos y supe entonces la manera tan profunda en que los había tocado porque, finalmente, todos hemos dado tropiezos donde lo único que varía es la fuerza impresa y el abismo donde caemos.

Creí saber quién era la Niña pero me engañaba, como lo hizo la portada del libro, en la cual juraba que la imagen de la bailarina estaba en puntas, pero no es así. Me perdió la fuerza de su mirada, de su alma implorando: ¡Escúchame!.
Fue cuando puse atención y vi que sus piernas no estaban, no había nada que la sostuviera y preguntandome ¿por qué? abrí el libro y ella no paró de hablar, aunque se lo ordenara el blanco grito de la portada y los susurros negros en cada página.

Los comentarios que hizo la gente de ella quedaron atrás, porque siempre pasa que nunca conoces a una persona a través de otras, sino sólo al convivir con ella, al escucharla.
Y la presencia de la Niña dijo más que cualquiera, sin maquillaje, sin pretensiones y con todas las heridas expuestas.

Heridas múltiples; unas recientes, otras viejas, pero todas sangrando. La más antigua y profunda fue la que le hizo su Padre, lo supe porque no paraba de decir su nombre y estaba sobre el corazón. Las heridas hablaban, tenían vida propia y a esa vida la alimentaba el odio, el dolor, el resentimiento y la soledad desesperanzadora de los olvidados.
Otras eran de su Madre, cuya voz martilló tanto haciendo un eco sordo, que logró su cometido: la Alumna superó a la Maestra.
Su ejemplo lo fue todo; la llevó de risco en risco hasta alcanzar los infiernos más profundos donde conoció a los hombres que, igualmente lastimados y con vendas en los ojos dijeron amarla, dijeron desearla y nunca supieron a quién tenían en frente, que el corazón le latía.

Algunas heridas estaban cerradas por la marca de un par de besos: los de su Abuela y su Padrastro, dos luces entre tanta oscuridad, amor puro y verdadero, ese que te acepta tal cual, sin anestesia.

Abracé a la Niña como la amiga que nunca tuvo, la que le faltó, la que no cierra los ojos ni se tapa los oídos aún cuando, lo que estás contando, sea frío, cruel, bajo o desgarrador.

La dejé hablar.
No me atreví a callarla.
Habían sido muchos años de tragar en seco, de morder el polvo, de bailar en puntas al filo del precipicio.

La dejé hablar y yo escuché sin juzgar porque, al fin y al cabo al ser Humana, me encuentro escasa de piedras que tirar.


Debra Gabriela Oropeza Pérez.

martes, 15 de mayo de 2012

"NADIE ES TU AMIGO, NADIE ES TU ENEMIGO, TODOS SON TUS MAESTR@S"

"NADIE ES TU AMIGO, NADIE ES TU ENEMIGO, TODOS SON TUS MAESTROS"

Así es. Si profundizamos más notamos que Tod@s somos Maestr@s.

Porque Maestr@ es aquel que comparte un conocimiento que tenga dentro de sí. Maestr@ es el que enseña, el que transmite, incluso sin tener títulos. Eso no es necesario para ser Maestr@. Claro que son infinitamente valiosas las personas que decidieron por vocación y voluntad serlo en nuestra Cultura Moderna y cuya meta es obtener un título para moldear mentes.
Sólo pido para que todas esas personas les llegue la luz y comprendan la importancia de su labor.

Ahora ampliemos la visión, para entender lo que la frase que titula nuestro tema quiere decir.
Maestro es quel que te enseñó a hablar. Aquel que te enseñó a caminar, a comer, a vestirte, a jugar, a leer, a pensar, a escuchar, a reir, a soñar.

Con la edad aumenta la dificultad.
Maestro es aquel que te enseñó a nutrir una relación para ser tu amigo; el que te enseñó a administrar tu dinero, quien te ayudó a decidirte por lo que querías hacer en la vida; aquel que te enseñó  a besar; aquel que te enseñó lo que se siente amar por primera vez; a sentir el corazón roto. Aquel que te enseñó a odiar. Aquel que a través de las lágrimas te hizo ver claro. Aquel que te extendió la mano cuando nadie más lo hizo. Aquel que te lastimó y supiste entonces en carne propia lo que en otro momento hiciste sentir a alguien más. Aquel que te bañó de consejos y amor. Aquel que con su vida fue tu ejemplo; Aquel que con su partida te hizo conocer la muerte. Aquel que te lastimó y entonces conociste el dolor. Aquel que te amó sin condiciones, sin esperar nada a cambio y que cuando lo apreciaste ya no estaba a tu lado. Aquel que te ayudó a reencontrarte contigo mismo después de haberte extraviado en lugares recónditos. Aquel que siempre tiene fe, pase lo que pase. Aquel que vive enojado con el mundo y no perdona. Aquel que te perdonó y te enseñó la forma más grande de amor incluso cuando tú fuiste el causante. Y el más importante de tod@s. El que siempre está, estuvo y estará contigo, en ti: Tú mism@.

Tú eres tu más grande Maestr@. Y un Gran Maestro nunca deja de aprender, crecer, avanzar y apoyarse. Un Gran Maestro, como dice una frase de la cual no recuerdo ahora el autor, no es el que crea más discípulos sino más Maestros.

Felíz día a todos esos Maestros que nos dejan huellas profundas y pedazos de su alma incrustadas en la nuestra, porque gracias a esas semillas es que nosotros podemos florecer ilimitadamente.

Reciban de mi luz, amor y paz en abundancia.
Debra Gabriela Oropeza Pérez.